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31-03-2026
BIOCOMBUSTIBLES: LA OPORTUNIDAD DE SINALOA PARA PRODUCIR ENERGÍA A PARTIR DE RESIDUOS ORGÁNICOS
Lo que hoy se considera basura podría convertirse en una
fuente de energía limpia. Esa es la idea que guía el trabajo de Adriana Roe
Sosa, doctora en Ingeniería Ambiental, quien investiga cómo transformar
residuos orgánicos en combustibles que puedan beneficiar a las comunidades.
Desde la Universidad Tecnológica de Culiacán, Roe Sosa
investiga la transición energética, es decir, el cambio hacia fuentes de
energía más limpias. Junto con sus estudiantes trabaja en la producción de
biocombustibles, como biodiésel y bioetanol, a partir de aceite de cocina usado
y residuos de frutas.
La investigadora estudió Ingeniería Química en la
Universidad Autónoma de Sinaloa y realizó la maestría y el doctorado en
Ingeniería Ambiental en la Universidad Nacional Autónoma de México.
Actualmente desarrolla dos líneas principales de
investigación: bioenergía y bioprocesos ambientales.
“Estamos atacando dos problemas al mismo tiempo: qué hacer
con los residuos orgánicos que terminan en rellenos sanitarios o tiraderos, y
cómo producir un combustible que pueda servir a las comunidades”, explicó.
¿Qué hacer con el aceite usado? Convertirlo en biodiésel
Una de las líneas de investigación del equipo se enfoca en
la producción de biodiésel, un combustible que puede obtenerse a partir de
aceites.
El proyecto tiene alrededor de dos años en desarrollo y se
ha convertido en uno de los más importantes del grupo.
El biodiésel que producen se obtiene de aceite de cocina
usado, un residuo que muchos restaurantes generan diariamente. Aprovechar este
tipo de desechos no solo reduce la contaminación del agua, también disminuye el
costo de producción del combustible.
Este tipo de soluciones adquiere cada vez más relevancia a
nivel internacional. De acuerdo con una investigación de la Organización para
la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la Organización de las
Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el consumo mundial
de biocombustibles, como biodiésel y bioetanol, ha crecido en promedio 3.3%
anual durante la última década.
El dato se desprende del reporte Agricultural Outlook
2025-2034, elaborado por la OCDE y la FAO, que analiza las tendencias
globales en agricultura, energía y biocombustibles.
El mismo informe señala que alrededor del 24% de las
materias primas utilizadas para producir diésel de origen biológico, como es el
caso del biodiésel, provienen de residuos de aceites y grasas, principalmente
aceite de cocina usado y sebo animal.
El resto aún depende de aceites vegetales como soya, palma o
colza, una planta similar a la canola que se cultiva principalmente en Europa.
“Este aceite puede convertirse en un problema de
contaminación muy grande, porque muchas veces termina en el drenaje o en el
agua”, explicó Roe Sosa.
Por esa razón, cada vez más restaurantes instalan trampas de
grasa para evitar que el aceite llegue al sistema de drenaje. Sin embargo,
surge otra pregunta: ¿qué hacer con ese aceite que se acumula?
La respuesta puede ser transformarlo en biodiésel, un
biocombustible que puede utilizarse en motores.
Durante años, el biodiésel se ha producido principalmente a
partir de semillas de las que se extrae aceite. Pero ese proceso puede ser
costoso, ya que de cada semilla se obtiene muy poco aceite.
En cambio, utilizar aceite residual permite reaprovechar un
desecho y reducir la contaminación.
Además, el equipo de Roe Sosa utiliza tecnología de
ultrasonido, lo que hace el proceso más eficiente. Esto permite producir
biodiésel en menos tiempo y con menor uso de reactivos químicos, lo que vuelve
el proceso más eficiente.
Hasta ahora, el grupo ha implementado nueve técnicas de
análisis para caracterizar el biodiésel producido en el laboratorio.
Los resultados han sido tan positivos que estudiantes de la
Universidad Tecnológica de Culiacán obtuvieron primer lugar en la Feria
Mexicana de Ciencias con un proyecto sobre fabricación de biodiésel.
El interés por este tipo de combustibles seguirá creciendo.
Según el mismo reporte Agricultural Outlook 2025-2034 de la OCDE-FAO, el
consumo de diésel de origen biológico, como biodiésel y diésel renovable,
continuará aumentando en los próximos años, incluso mientras disminuye el uso
de combustibles fósiles como la gasolina.
En la Unión Europea, por ejemplo, se proyecta que la
participación de residuos como aceite de cocina usado y grasas animales en la
producción de biodiésel aumente de 24% actualmente a cerca de 28% en 2034.
Bioetanol: energía a partir de residuos de frutas
Otra línea de investigación del equipo se enfoca en la
producción de bioetanol, un tipo de alcohol que también puede utilizarse como
combustible.
Este proyecto tiene aproximadamente un año de desarrollo.
El bioetanol se obtiene a partir de residuos orgánicos ricos
en azúcar, como frutas maduras o restos agrícolas que pueden fermentarse para
producir alcohol combustible.
“Estamos trabajando con residuos orgánicos provenientes de
fruterías y también con residuos agrícolas. La idea es aprovechar toda la merma
que normalmente se desecha”, explicó la investigadora.
Para Roe Sosa, Sinaloa tiene una gran oportunidad en este
campo.
Al ser uno de los estados con mayor producción agrícola en
México, genera grandes cantidades de residuos orgánicos que podrían convertirse
en fuentes de energía.
Los avances del proyecto también han sido reconocidos:
estudiantes del equipo obtuvieron segundo lugar en la Feria Mexicana de
Ciencias con su investigación sobre producción de bioetanol.
Pensar en el futuro: energía para las comunidades
A nivel internacional, el aceite de cocina usado se ha
convertido en un insumo estratégico para la transición energética. Su principal
ventaja es que permite producir combustible utilizando un residuo, lo que
reduce la huella de carbono.
Sin embargo, la OCDE y la FAO advierten que este recurso
también es limitado. A medida que aumenta la demanda global, se vuelve
necesario contar con sistemas confiables de recolección y trazabilidad para
evitar fraudes o mezclas con aceites vírgenes.
Actualmente, tanto el biodiésel como el bioetanol que
produce el equipo de investigación de Roe Sosa se fabrican a escala de
laboratorio.
Sin embargo, la científica sinaloense considera que la
entidad podría aprovechar sus residuos orgánicos para producir biocombustibles
a mayor escala.
El objetivo del equipo es identificar las condiciones
óptimas de producción, es decir, cómo fabricar estos combustibles con el menor
consumo posible de recursos.
Una vez que se definan esas variables, el siguiente paso
sería desarrollar proyectos piloto en comunidades. Esto permitiría generar
energía en lugares donde el acceso a servicios como la electricidad puede ser
limitado.
“El objetivo es aprovechar recursos que ya tenemos. Lo que
hoy se considera un residuo puede convertirse en una fuente de energía”,
explicó la investigadora.
Por ejemplo, el bioetanol podría utilizarse en lámparas de
alcohol o estufas sencillas, lo que permitiría cocinar o iluminar viviendas en
comunidades donde el acceso a energía eléctrica es limitado.
Además, después de producir bioetanol, los residuos
orgánicos restantes aún pueden compostarse para generar abono que beneficie al
campo.
Experiencias internacionales muestran el potencial de este
tipo de soluciones. De acuerdo con el mismo informe de la OCDE-FAO, países que
han desarrollado sistemas de recolección de aceite usado ya proyectan producir
grandes volúmenes de biocombustibles.
Singapur, por ejemplo, podría generar hacia 2034 cerca de
900 millones de litros de diésel de base biomasa a partir de aceite de cocina
usado, principalmente para exportación.
Ciencia con impacto local
Para Adriana Roe Sosa y el equipo de estudiantes de la
Universidad Tecnológica de Culiacán, el objetivo es claro: seguir investigando
para que los biocombustibles se conviertan en una alternativa real para
aprovechar los residuos orgánicos.
Si estas investigaciones logran avanzar hacia una escala
mayor, Sinaloa podría convertirse en un referente en el desarrollo de
biocombustibles a partir de residuos y demostrar cómo la ciencia puede
transformar un problema ambiental en una oportunidad energética para las
comunidades.




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