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DOCTOR SINALOENSE DESARROLLA TECNOLOGÍA PARA APRENDER LENGUA DE SEÑAS MEXICANA

Fecha: 24-07-2026

DOCTOR SINALOENSE DESARROLLA TECNOLOGÍA PARA APRENDER LENGUA DE SEÑAS MEXICANA

Desde la UAS, el Doctor Alan David Ramírez Noriega trabaja con estudiantes en una aplicación que busca reducir barreras de comunicación en el aula

 

Culiacán, Sinaloa, 23 de julio de 2026. La inclusión educativa puede empezar con una pregunta sencilla: ¿cómo se comunica una clase cuando uno de sus estudiantes no escucha, pero sí tiene mucho que decir?

 

Esa pregunta surgió en la Facultad de Ingeniería Los Mochis de la Universidad Autónoma de Sinaloa, cuando el Doctor Alan David Ramírez Noriega y un grupo de estudiantes identificaron la necesidad de comunicarse mejor con un alumno sordo.

 

La respuesta no fue improvisar una solución pasajera. Fue desarrollar tecnología.

 

De esa necesidad nació una aplicación para aprender y comunicarse en Lengua de Señas Mexicana, una herramienta digital que se encuentra en fase de pruebas finales con usuarios y que, una vez concluida, podría servir a más estudiantes con discapacidad auditiva.

 

El punto de partida, explica el investigador, fue una experiencia concreta dentro del aula.

 

“Esto viene de algunas necesidades que tuvimos como profesores en el pasado con algunos estudiantes con discapacidades auditivas”.

 

“Aunque este estudiante tenía ya ciertas herramientas que le otorgaba la misma universidad, identificamos una oportunidad de desarrollar aplicaciones que pudiera facilitar, no nada más a él, sino a otros estudiantes en un futuro”.

Cada 10 de junio, México conmemora el Día Nacional de la Lengua de Señas Mexicana, una fecha establecida desde 2005 para reconocer la importancia de esta lengua en la vida pública, educativa y cultural del país. La Lengua de Señas Mexicana no es solo un recurso de comunicación: está reconocida oficialmente como lengua nacional y forma parte del patrimonio lingüístico de México.

La conmemoración, realizada ese mes, recuerda que la inclusión de las personas sordas no depende únicamente de abrir espacios, sino de garantizar condiciones reales para comunicarse, aprender y participar. Por ello, el desarrollo de herramientas tecnológicas para aprender LSM cobra relevancia dentro y fuera del aula.

El reto de participar en una clase pensada para oyentes

La educación inclusiva no depende únicamente de rampas, edificios accesibles o adecuaciones físicas. También requiere comunicación, materiales comprensibles, docentes preparados, tecnología útil y participación de las personas a quienes busca servir.

 

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), alrededor del 80 % de estudiantes con discapacidad está insatisfecho con las medidas de inclusión de sus instituciones, pese a mejoras en infraestructura física. El organismo también advierte que persisten barreras de accesibilidad física y digital, así como discriminación interpersonal en los espacios educativos.

 

Para estudiantes sordos, esas barreras pueden aparecer todos los días: falta de intérpretes de lengua de señas, ausencia de transcripción en tiempo real, videos sin subtítulos, materiales difíciles de leer, evaluaciones centradas en lo oral y poca formación docente en educación inclusiva.

 

En ese contexto, el proyecto de Ramírez Noriega atiende una parte concreta del problema: la comunicación.

 

La herramienta no sustituye a una política integral de inclusión, pero abre una ruta para que más estudiantes, docentes y personas interesadas puedan acercarse a la Lengua de Señas Mexicana.

 

Una respuesta tecnológica nacida en el aula

Alan David Ramírez Noriega es Doctor en Ciencias de la Computación, profesor e investigador de tiempo completo. En su labor combina investigación, docencia y desarrollo de soluciones tecnológicas junto con estudiantes.

 

“Nosotros tenemos un cuerpo académico que se enfoca en el desarrollo de tecnología educativa. Por tanto, nosotros abordamos diversos aspectos de la educación a través de herramientas de software”, explica el investigador.

 

La aplicación de Lengua de Señas Mexicana forma parte de ese trabajo. Su punto de partida no fue la tecnología por sí misma, sino una necesidad real dentro del aula.

 

Cómo funciona la aplicación

El proyecto consiste en un sistema web colaborativo de Lengua de Señas Mexicana. Funciona como un repositorio de videos donde las personas pueden subir señas, frases o letras del abecedario para que otras personas las consulten y aprendan.

 

La idea puede entenderse como una plataforma de videos, similar a YouTube, pero enfocada exclusivamente en contenidos de LSM. Su propósito es reunir materiales visuales útiles para quienes quieran o necesiten aprender esta forma de comunicación.

 

El desarrollo del repositorio tomó alrededor de dos años, debido a necesidades específicas como el sistema de búsqueda. Otros productos del equipo pueden tomar entre un año y año y medio de trabajo.

 

Aprender jugando y reconocer señas

El trabajo del equipo no se queda en el repositorio. También desarrollan aplicaciones para detectar las señas que hacen las y los estudiantes, con el objetivo de construir un software lúdico enfocado en el aprendizaje de la Lengua de Señas Mexicana.

 

La apuesta es que aprender LSM pueda ser una experiencia más práctica, visual y cercana. Para quienes escuchan, aprender señas puede abrir una forma distinta de comunicación. Para quienes no escuchan, puede significar un entorno con más posibilidades de participación.

 

La prueba más importante está con las personas usuarias

 

La aplicación se encuentra en una etapa clave: las pruebas finales.

 

El proceso se divide en dos momentos. Primero, el equipo realiza pruebas de usabilidad con estudiantes de la misma Facultad de Ingeniería. Ahí se detectan errores antes de que la herramienta llegue a sus usuarios finales.

 

Después, personas que se comunican en Lengua de Señas Mexicana e intérpretes prueban la aplicación. Reciben una explicación sobre su funcionamiento y ofrecen retroalimentación sobre la experiencia: si les resulta útil, si se entiende, si es fácil de usar y qué puede mejorar.

 

Esa retroalimentación es parte central del desarrollo. Una herramienta de inclusión no puede construirse solo desde el escritorio o el laboratorio. Necesita probarse con quienes conocen la lengua, la usan y pueden identificar si realmente ayuda.

 

En un entorno educativo donde muchas respuestas suelen improvisarse caso por caso, este proyecto muestra una posibilidad distinta: diseñar tecnología desde el problema, escuchar a las personas usuarias y ajustar la solución antes de ampliarla.

 

Una lección para la educación inclusiva

La historia de Ramírez Noriega y su equipo deja una lección clara: la inclusión no ocurre cuando se espera que una persona se adapte sola al sistema. Ocurre cuando el sistema busca nuevas formas de comunicarse, enseñar y acompañar.

 

Desde Sinaloa, una aplicación en desarrollo muestra que la ciencia computacional también puede responder a preguntas profundamente humanas.

 

¿Cómo aprendemos juntos? ¿Cómo nos comunicamos mejor? ¿Cómo hacemos que una clase escuche, incluso cuando la comunicación no pasa por la voz?

 

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